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jueves, 27 de septiembre de 2012

Teología




El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia 
y a no hacer el mal por miedo. 
Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía. 
Han pasado  los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si 
merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me 
salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase 
media; y al fin y al cabo, se hará justicia. 
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero 
ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa 
los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de 
mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, 
la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No 
codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si 
fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el 
noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal 
está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora
El libro de los abrazos.
Eduardo Galeano

miércoles, 1 de agosto de 2012

Hector Tizon




Había perdido un ojo. Pero tenía otros, que nadie más tenía.
Con esos otros ojos veía lo que no se ve.
Desde las orillas del río Yala, donde las sirenitas
templan las guitarras, esos ojos nos miran.
Y nos ayudan a mirar.
Galeano sobre Tizón
1929-2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

Guerras


A principios del siglo veinte, 
Colombia sufrió la guerra de los mil días.
A mediados del siglo vente, los días fueron tres mil.
A principios del siglo veintiuno, ya los días son incontables
E.G

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Regalos

 mi segundo regalo de cumple anticipado

By Pablito Aranguren

viernes, 30 de septiembre de 2011

Capicua


 

 


ANOCHE VÍA CELULAR ME AVISARON QUE
LLEGAMOS A LAS 16661 VISITAS AL BLOG.
EL GANADOR DE DICHO LOGRO SE ADJUDICO UN ALMUERZO EN Mc DONALD
PARA LA SEMANA ENTRANTE
FELICITACIONES ABEL MALIS

jueves, 15 de septiembre de 2011

Celebración de la amistad

En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.

En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por…
- Llave, por llave - me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
Eduardo Galeano

miércoles, 20 de julio de 2011

Amigos

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reunen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros.
Se supone que los mas diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.
Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo.
A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos mas queridos. Por eso elegía a los que estaban mas cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudaran, lo comprenderán, lo alentaran y lo perdonaran.
Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible.y si no lo es, mas vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.


Instrucciones Para elegir en un "picado".

(Alejandro Dolina)

Feliz día para todos mis amigos/as

martes, 1 de febrero de 2011

Arte en colaboración

Yo, que he tenido la ocasión de ser admitido como asistente por algunos artistas, me permitiré unas modestas recomendaciones.
La primera es: elegir a un par. No es honoroso aprovechar el talento o el prestigio de alguien mejor que uno. Y también es penoso detenerse cada tres pasos para esperar a un insolvente.
La segunda es también la última: es conveniente, antes de escribir con alguien, practicar la amistad, compartir aventuras y desventuras durante algunos años, cultivar el afecto y la compasión, generar el respeto y la comprensión tolerante. Después, recién entonces, uno podrá decir que está listo para empezar la obra.
Pero la obra ya estará terminada.
Alejandro Dolina

lunes, 8 de noviembre de 2010

Insomnio

Mire doctor, yo tenía el problema del insomnio. No me podía dormir, no me podía dormir y no me podía dormir!. Y el insomnio me empezó a producir problemas en la cabeza. Crisis de identidad. Yo no sabía quién era por no dormir.
Las noches pasaban, amanecía y yo desesperado no sabía quien era. Le preguntaba a la gente: "¿Quién soy? ¿Quién soy?" Pero la gente me miraba raro.
Y así deambulé sin saber quie era hasta que superé el problema. ¿Sabe cómo? Dejó de importarme quien era yo.
Por que después me dije ¿Qué sentido tiene decir "yo, soy yo, que arrastro una historia". Después de todo somos únicamente el presente; este ápice vertiginoso que es el presente, este ápice vertiginoso del tiempo. ¿Qué sentido tiene ir arrastrando el pasado como prueba de quien somos?
"Soy el voy siendo" me dije. Entonces empezó a no importarme nada.
-¿Cómo se llama?- me preguntaban.
-Nada.
-¿Quién sos?
-Éste- respondía.
-¿Quién sos?
-Yo!!- contestaba.
-¿Quién fuiste ayer?
-No sé.
Y fuí tan feliz!!. Me quisieron como nunca. ¿Y sabe por qué? Porque no hacía proyectos, no contaba anécdotas; solamente me deslizaba por el presente como un equilibrista, huyendo del pasado a pasitos cortos, pero sin correr mucho para no atropellarme con el futuro. Con esa prudencia que tiene el que vive el presente, para no llevarse colgado el pasado y para no atropellar lo que viene. Y fuí feliz.
Pero un día me quedé dormido. Sí dormí bien. Estaba tan tranquilo y tan feliz que, desaparecidas las preocupaciones, sin saber quien era, dormí bien. Y con el buen dormir vino el recuerdo. Y con el recuerdo ya fuí alguien; y ahí se arruinó todo. Esta felicidad irresponsable de no ser nadie, este arrastrarse por el alambre del presente terminó por uno o dos buenos "apolillos".
Y entonces me acordé. Y entonces supe que algunas cosas las había perdido. Supe que algunas cosas no me ocurrirían nunca más. No solo me acordé sino que empecé a hacer proyectos. Y a preocuparme. Y a temerle al futuro porque adivinaba que allí había amenazas. Y ya no fuí feliz.
-¿Y esto le trajo alguna consecuencia?- consultó mi psicoanalista.
-Sí, el insomnio doctor.

Alejandro Dolina

jueves, 5 de agosto de 2010

Ventana sobre las máscaras

El Ñato García se hizo el loco en Australia.
Atardecía y él estaba mirando el sol que se apagaba en Melbourne mientras en Montevideo se encendía, cuando decidió hacerse el loco.
Tuvo delirios y alucinaciones. Peleó contra los enemigos invisibles, lanzando puñetazos al aire, y pasó días y noches sentado contra una pared, sin cerrar los ojos. Se negó a hablar, porque el diablo de la locura se le metía por la boca abierta. Se negó a dormir, por pánio de morir de locura de la noche. Aguantó pastillas, inyecciones, choques eléctricos.
Y
por fin, después de cuatro años de prohibirse cualquier normalidad, los médicos australianos se convencieron de que él era un caso incurable. ...
Y así el Ñato consiguió pasaje de vuelta, y consiguió una buena jubilación para vivir sin trabajar todo el resto de su vida. Por última vez se miró al espejo en su casa de Melbourne, dijo adiós al loco y se subió al avión.
Y llegó a la ciudad de sus nostalgias.
En Montevideo
, buscó. Buscó la casa de su infancia, y allí había un supermercado. El campo baldío donde había hecho el amor por primera vez, era una playa de estacionamiento. Buscó a sus amigos. Ya no estaban. Buscó y se buscó, y en ninguna parte se encontró, y entonces le entró la duda:
- ¿Quié se habrá quedado allá, en Melbourne?
¿El loco o yo?
Una vez por año, solamente una vez, el Ñato se reconoce en el espejo. Llega el carnaval, con sus truenos de tambores, y el Ñato se reconoce. Eso ocurre cuando el espejo le devuelve su cara de murga: naríz de payaso, una risa grande pintada sobre los labios, la luna entre las cejas y las estrellas desparramadas por toda la cara.

por Eduardo Galeano

lunes, 14 de junio de 2010

Historia del que espero siete años


Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
según supo después, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió abandonarlo.
- No te quiero mas - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplico, se humillo, escribió versos horrorosos y lloro en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverándose con un deportista reluciente.
El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez más sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Mas tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lágrimas le corrían por el escote cuando le confeso al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas.
El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo. Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca mas, nunca mas volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.
Alejandro Dolina.

jueves, 4 de marzo de 2010

Ventana sobre las máscaras

El Ñato García se hizo el loco en Australia. Atardecía y él estaba mirando el sol que se apagaba en Melbourne mientras en Montevideo se encendía, cuando decidió hacerse el loco.Tuvo delirios y alucinaciones. Peleó contra los enemigos invisibles, lanzando puñetazos al aire, y pasó días y noches sentado contra una pared, sin cerrar los ojos. Se negó a hablar, porque el diablo de la locura se le metía por la boca abierta. Se negó a dormir, por pánio de morir de locura de la noche. Aguantó pastillas, inyecciones, choques eléctricos.Y por fin, después de cuatro años de prohibirse cualquier normalidad, los médicos australianos se convencieron de que él era un caso incurable.
Y así el Ñato consiguió pasaje de vuelta, y consiguió una buena jubilación para vivir sin trabajar todo el resto de su vida. Por última vez se miró al espejo en su casa de Melbourne, dijo adiós al loco y se subió al avión.Y llegó a la ciudad de sus nostalgias.En Montevideo, buscó. Buscó la casa de su infancia, y allí había un supermercado. El campo baldío donde había hecho el amor por primera vez, era una playa de estacionamiento. Buscó a sus amigos. Ya no estaban. Buscó y se buscó, y en ninguna parte se encontró, y entonces le entró la duda:- ¿Quién se habrá quedado allá, en Melbourne? ¿El loco o yo?Una vez por año, solamente una vez, el Ñato se reconoce en el espejo. Llega el carnaval, con sus truenos de tambores, y el Ñato se reconoce. Eso ocurre cuando el espejo le devuelve su cara de murga: naríz de payaso, una risa grande pintada sobre los labios, la luna entre las cejas y las estrellas desparramadas por toda la cara.
Cuento de Eduardo Galeano
Foto de Venecia, Noviembre 2008